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9/7/07

MI REINA MORA


La reina que gime y llora
por subir a las almenas
ha de ser mi reina mora
que me consuela y adora
y que me roba las penas,
Desde lo alto me otea
y va cerrando los ojos
hasta que llego a la aldea;
buscando voy la pelea
de mi reina y sus antojos.
Voy a olvidar la batalla,
complaceré hoy a mi reina;
me acercaré a la atalaya
donde mi furia se acalla
mientras mi mora se peina.

EL SUEÑO Y LA PASIÓN



En el plácido encanto del más leve
despertar duermo un sueño. Por su embrujo
reposan mis alivios, y es un lujo
reverberar el sorbo dulce y leve

que llega desde el labio cuando atreve
a posar sobre el labio que sedujo.
Así desperecé tu lado brujo:
con beso que de amor respira y bebe.

Apuro el ósculo que en paz despierta
Con fuego oculto si, sutil, derrama
por el lecho perfumes de excepción;

trasladaré alma y cuerpo hasta la cama
que desvanece la distancia abierta
cuando de nuevo acude la pasión.

ENSUEÑOS DE LUNA



Su cara esconde mi luna;
Cuando se harta de estar llena
Va por su cuarto menguante
Casi llorando de pena.
Luego, en el cuarto creciente
Saca a lucir su melena
Mostrando sus bellas galas
Que vienen de hacerla nueva.
Llega con buenos mensajes
Y en su gran ojo refleja
La alegría que le ha dado
El sol que la regodea.
Ya no me oculta su rostro
Esa mi luna viajera;
Yo la reclamo y la miro
Para que alumbre serena
los oleajes del mar
y mis ensueños que velan.

EL EXTASIS QUE AUGURO


No vuelvo de vacío
Porque siempre calientas
Mi corazón baldío
Con tu calor de fiesta;
Y en el bancal sombrío
De la vibrante estrella
Encontraré los bríos
Que hasta ti me llevan.


Cuando a tu lado llego
Mi corazón encanta
Pues se siente repleto
en el amor que me ancla;
y en el fervor del lecho,
al despertar el alba,
cuela el azul del cielo
que te dibuja el alma.

Azules al desnudo
Tus ojos trasparentan
Desde el calor fecundo
Que en tu cuerpo tiembla;
Y el éxtasis que auguro,
Si a ambos nos contempla,
Traspasará los muros
de cuerpo y alma, a tientas.

EL CORAZÓN NO SABE DE RAZONES


Intriga mi razón rasante ciencia,
Y confina el desdén de mi intelecto
La ventura vestida del afecto
Que el corazón en su latir sentencia.

Instala la razón clarividencia;
Viciada de inquietud en su concepto
Inicia un resplandor con el efecto
De llevar confusión a la conciencia.

El corazón no sabe de razones
Ni se encierra en las reglas del teorema;
No sabe la razón de corazones
Pues evita la llama que se quema
En la viva ilusión de las pasiones
Y en la oculta razón de este poema.

De mi

De Palencia, palentino soy y por tanto Castellano. Ya he cumplido los sesenta de los cuales ya llevo siete años prejubilado. Fui empleado de Telefónica durante treinta años y siempre por estos madriles que dicen que van al cielo, aunque yo no lo creo. Este largo descanso ha sido un buen regalo para dedicarme a la lectura y a la poesía con más ganas y con más fuerzas. Mis dos hijos, ya casados, campan por sus fueros, a Dios gracias, aunque no cumplieron aún los treinta y cinco. Tuvieron ellos suerte..., y yo. Me darán nietos que me inspiren y para ser Capitán de Guardería... seguramente. Así es la vida. Entre verso y verso he hecho amigos y eso es importante y me anima y me consuela. En ello estamos.

Guillermo Cuesta Martín