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30/1/08

CINE MUDO




Esto ya no es vida. Más bien parece
Una película de cine mudo
Con un triste actor que yace desnudo
Sobre un blanco y negro que se ennochece

Cual un hondo abismo. Se me adormece
El tímpano, mientras me ahoga un nudo
En la garganta y por los ojos sudo
Sol a gritos. Todo, todo, perece

Frente al patio de butacas vacío
Y en mi espanto solitario, me río
Cual loco amargado. ¡Luces, acción!

-Tan sólo sombras-. ¡Música maestro!
-Sólo silencio-. Y sigue, siniestro,
Proyectándose el drama sin guión.

ACÚNAME MADRE



De corales y de espuma,
Cóseme, madre, un vestido,
Que, aunque tú ya estás viejita,
Sigo siendo como un niño
Que, sin mar, vaga desnudo
Con el salitre adherido
A la piel y a la garganta
A la mirada y su nido.
¿Sabes?, madre, tengo miedo
A morirme despacito
Sin haber sentido el mar
Arrullando mis latidos,
Sin el sabor a mareas
Que ambicionan mis sentidos,
Y sin gozar de las olas
Como si fuese un chiquillo;
Que muero, madre, de pena,
Por un cariño perdido,
Y me adelgazan la sangre
Nostalgias como colmillos;
Tengo, madre, el alma yerma
Por la arena del olvido,
Y del hambre de la ausencia
Mi corazón desnutrido;
Madre que me estoy perdiendo
Madre que sangro rendido,
Madre que me duele el alma,
Madre que pavor respiro;
Tú no me abandones, madre,
Y obra en tu pecho un prodigio:
Como está mi quilla rota
Y mi timón se ha partido,
Regálame por mi santo,
De la mar, un caballito,
Que cabalgue a lo más hondo
Del océano infinito;
Que me acerque en su galope
Al confín de mi destino
Y que anegue mis pulmones
De impenetrables abismos;
Y sonoras caracolas
Que susurren a mi oído
Cantos de amor imposible
De los azules nacidos;
Téjeme dos alas blancas
Para mi palo rendido
Que se pudrieron mis velas
De desespero y hastío,
Alas blancas como lunas,
Como faros encendidos,
Que mi mirada está ciega
Y no encuentro mi camino;
Y despliega con caricias,
De algas, un lecho muy fino,
Que me aparte de este insomnio
Donde agonizo sumido.
Madre, estréchame en tus brazos,
Que estoy henchido de frío,
Ven a arroparme en la noche
Que mis sueños he perdido;
Y si canta una sirena,
Reclamándome a gemidos,
Deja que me marche, madre,
Que sin su luz ya no vivo.

ROSA DE OTOÑO



I

Llora junto a mí la ausencia,
Aun siendo el llanto mentira,
Que sin tu ternura expira,
Condenada en su inocencia,
Mi alma en pena de indigencia.
Dime que sin mí te mueres,
Que en lo imposible me quieres,
Y que darías la vida
Por aliviarme la herida
Que con tu marcha me hicieres.

II

No dejes pasar las horas
Que mi tiempo se marchita
Como rosa que se agita
Ante otoñales auroras
De heladas devastadoras.
Dame el calor de tu abrazo,
Deja de un lado el rechazo
Que me arrebata el aliento,
Y da calma a mi lamento
Un instante en tu regazo.

LA METAMORFOSIS




De febriles sueños preso
Sobre el lecho delirando
La pasada madrugada
Desperté sobresaltado.

Desconozco con certeza
Porqué me hube desvelado;
Mi boca estaba reseca,
Me estaba a chorros meando,
Pero también en mi sueño,
Ella se me iba alejando.

Sin calzar las zapatillas
Y sin despegar los párpados,
Dando tumbos como un zombi
Caminé al cuarto de baño;

Y una visión espantosa
Me dejó aterrorizado:

Un insecto monstruoso
Sobre el mugriento terrazo
-Una extraña cucaracha-
Se me acercó renqueando.

Me recosté en la pared,
Con gesto desencajado,
Muy quedo a causa del miedo
Sin atreverme a aplastarlo.

Entonces alzó la voz
-Un chirrido desalmado-
Y me dijo suplicante:
- “No me seas acojonado,
¿Es que no te has dado cuenta
Que anhelo ser aplastado?”

Meándome en el pijama,
Mi corazón desbocado,
De bruces caí en el suelo
Rendido de tanto espanto.

Poco a poco me calmé
Turbiamente razonando:
Aquello aún era un sueño,
Un mal sueño ocasionado
Por el hachís, la cerveza
Y el atracón de estofado.

Un estridente gemido,
Como cristales quebrados,
Y de nuevo sus palabras
Me sacaron de mi engaño.

- “¿Cómo puedes suponer
Que continúas soñando?,
Roza mi cuerpo asqueroso
Con la palma de tu mano
Y verás que soy real,
Tan real como el costado
Que, aunque intentas ocultar
Llevas de dolor sangrando;

Mi nombre es Gregorio Samsa,
Y de un cuento me he fugado
Para cumplir el destino
Que tenemos reservado”.

- “Pero Gregorio murió”
-Le respondí entrecortado,
Mientras con náuseas de muerte
Vomitaba en el lavabo.

- “¡Macabra broma de Kafka!
-Exclamó refunfuñando-
Que tras urdir un epílogo
En que fui resucitado,
Lo arrojó con saña al fuego
Por no verlo publicado;
¡Quiso dejarme con vida,
Pero por siempre olvidado
En este cuerpo de insecto
Con mi alma en pena vagando;

Así que cumple tu sino
Y pisa mi cuerpo ajado
Sin ningún remordimiento,
¡Vence tu miedo y tu asco!”

-“Pero por qué he de ser yo”
-Le pregunté conturbado.

Meditó por un instante
Y respondió acongojado:

- “¿Es que no te has dado cuenta
Que el mundo entero ha cambiado?;
¿No ves la metamorfosis
Que todo lo ha emponzoñado?
Mira primero mi cuerpo,
Mi futuro desolado,
Y después mira mi alma
Estancada en el ocaso,
Y verás que sigo siendo
Aquel Gregorio de antaño.

¿Es que no te has dado cuenta
Que el mundo entero ha cambiado?
¿Es que no te has dado cuenta
Que tú y yo somos hermanos?”

Con infinita piedad
Coloqué mi pie descalzo
En su coraza marrón
Ornada de puntos blancos,
Y de un seco pisotón
Segué su vida de cuajo.

Y desde entonces estoy,
Mi horrible cuerpo arrastrando
Por el baño del vecino,
Con ansiedad esperando
A que en mitad de la noche
Se levante apresurado
Porque tuviese un mal sueño
O se estuviese meando.

EL ALUMNO PREDILECTO DE PONCIO PILATOS




Allí, hace miles de millones de años luz,
Dejó de existir una estrella,
¿No ves en su fulgor escrito su epitafio?
Aquí,
Justo aquí,
A la vuelta de la esquina,
Se escucha agonizar al perro
Que atropelló el Peugeot 309
De la encargada de la biblioteca
-Creo que escuché referir
Que lo tiene asegurado a todo riesgo;
No sé, no obstante, si opinaría igual el perro-.
En Eritrea,
Justo ahora, justo en este instante,
Un niño de cuatro años
Se esta muriendo de hambre,
En tanto engordan las moscas
Y algún que otro buitre;
Y, mientras tanto,
Un incontable número de insectos
Perece a lo largo de la A-49
A causa del exceso de velocidad
-Yo los he matado a millones...
Y a algún que otro pájaro-.
En una lejana constelación nunca jamás imaginada
Puede estar muriendo, hace siglos,
Algún planeta vivo –larga agonía la de los planetas-;
Y quién podría aventurarse
A dar una cifra, sólo aproximada,
Del número de hormigas aplastadas a diario
Por la indiferencia de los transeúntes.
-Otro niño en Eritrea, y otra estrella, desde este momento,
No es que hayan dejado de existir para siempre,
Es que nunca existieron-.
Dentro de
13,
12,
11,
10 segundos...,
En tanto que una chica de 17 años se corta las venas por desamor
En un barrio pobre de Boston,
La bota de un soldado,
En una de esas guerras ignoradas del Tercer Mundo,
Pisará una mina y, pum,
Arrasará cientos de flores;
Y en 15 días, 6 horas, 15 minutos y 13 segundos,
En una mina de Asturias se desplomará una galería
Sepultando en vida a cinco mineros.
Y también pudiera ser que, pasado mañana,
-Y, en cualquier caso, qué más da,
Tarde o temprano sucederá en unos años-,
Tú te murieses…
Y, entretanto, dios
Qué,
Se lava las manos?

De mi

Rafa León: Nací en Las Minas de Riotinto justo trece días antes de los idus de marzo –ténganse en cuenta las diferencias existentes entre el calendario juliano y el actual– del mismo año en que las tropas mercenarias al servicio del Imperio perpetraron la ignominiosa invasión de Playa Girón contra la entonces ilusionante y valerosa revolución castrista. A partir de ese día, en mi currículum, como en el de la mayoría, nada que, por su carácter extraordinario, merezca ser destacado.