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15/2/08

YO ES PLURAL


Yo es plural.
Porque siempre queda algo
de la vez
que alguien se fue
de la vida,
no del recuerdo,
que me acuerdo de
que alguien se había dejado olvidado
un papel sobre la mesa (una calle que no conocíamos)
que hemos escrito
en papel ajeno
vidas propias (calles que no conocieron),
que dicen que los tiempos están cambiando,
será que el tiempo siempre cambia,
que he sido
en lugares en los que nunca he estado.
Que sueño. Que yo sueño
con mis manos limpias derramando
una taza de café
en una ciudad cualquiera.
Que he dejado mi verbo
caer sobre tu piel.
Justifico en tu alma
mi existencia,
me dejo caer y conjugo verbos intangibles.
Ibamos a vivir algo distinto,
hoy vamos a beber algo distinto.
Que entonces los extranjeros éramos nosotros.
Que extranjero es el superlativo de extraño.

Que te estuve hablando de ti

Que
acabé diciendo
que en mí
siempre iba
a quedar algo
de ese momento.

Que tú eres la parte de mí
que siempre existe.

CUANDO TE FUISTE


Esta mañana
Esta mañana
han sangrado mis manos.

Es el modo que tienen de llorarte.

Los trenes
han salido a su hora,

es el modo que tienen las estaciones de llorarte.

Los niños han ido al colegio,
vistiendo lana gruesa,
jugando con la nieve
en ciudades lejanas.

Es el modo que tienen de llorar tu invierno.

Y todas las calles que llevan tu nombre...

es el modo que tienen las ciudades de llorarte.


          En tu exilio incorpóreo has vivido mis versos,



has vivido tus versos (no sé si
pertenecen a mi sangre
o a tus átomos)
Durante cuánto tiempo y cuánto espacio.
Te entrego mis manos.

Es el modo que tengo de no llorarte.

TAL VEZ OTRO


Yo es otro (Rimbaud)

Entonces éramos los mismos.
Hoy dices Yo,
dices otro.
Hoy tú
(tal vez otra)
me pregunta quien soy
en el verbo
más allá de los años 90.

¿Quién eres tú conduciendo tu coche?

Diré yo o quizás otro, que
a no olvidar
el sonido de la porcelana rota,
rompiendo un silencio
que entonces se antojaba infinito
(todos duermen plácidamente)
a no nombrarte
cuando hablo de ti,
de otra
en calles lejanas.
Las ciudades se hacen muy grandes por momentos,
ven y déjate caer.
Abre los ojos
a esta lluvia de vida.
Sáname las manos sangrientas
de hacer verso
en las noches solitarias,
todo por aquí
es cemento.
(que habrá que hacer más versos
de las heridas profundas).

Tal vez haya que vivir para estar vivo.

¿Quién eres tú conduciendo tu coche?

Ven y sángrame,
que todos duermen plácidamente.

PARA QUE ME PLANTEN UN OLIVO


Puedo sentir mi ciudad cuando estoy lejos,
temblar
y llamarme por mi nombre.
Del mismo modo que puede ser contigo,
verte cerca
temblar y oler a café.
Es que tú solo crees en los cafés y las ciudades.
Entonces estoy lejos
y me llamas por mi nombre y apellidos.
Más tarde invocas
la piedra fría de ciudades
que no persiguen el mar
Pronuncias nombres de calles en inglés,
que no conozco
y persigues mi sombra por la noche.
Y yo quiero ser ciudad.

Para que
me recorran por dentro los caimanes y
me sueñen los viajeros.
Para que
se levanten torres en mi vientre
y se celebren mis calles.
Para no negarme
y que no me nieguen.
Para que me planten un olivo.


Para tocar
el mar.

Así cuando estoy lejos
de mi mismo
hago que la ciudad me sienta.
Le digo
no tengo patria
y puede oirme temblar.
Llora
y sabe
que pueden venir a por mí
esta noche
todas las sirenas.

Así, del mismo modo, puede ser contigo.

VII (LAS CIUDADES GRANDES)


He estado en París
con las diosas de la moda
(al menos lo he soñado)
y en New York,
esperando una copa
de un tipo muy elegante
(que sea un Bourbon doble).
Ciudades grandes para corazones pequeños,yo
he estado en la Meca,
Alá, yo te he adorado (he muerto con tus hijos palestinos en las alambradas),
con mis hermanos.
Yo he estado en Jerusalén (huído, por ejemplo, de Varsovia)
y he rezado
y llorado
con mis hermanos judíos.
Yahveh, has sido mi dios.
En Nueva Delhi
he compartido hambre
con mis hermanos hindúes (escondemos una vaca en el jardín, el credo no entiende de hambre).
Sus dioses han sido los míos.
He tomado un café con Buda
y le he ofrecido mi melena (mis hermanos no tenían pelo en aquel lugar)
En Roma
he observado al Papa
en su alta ventana
saludar al peregrino
y esconder la mano,
mis hermanos rezaron.
(Dios no se asomó por la ventana).
Pero existimos.

Mis hermanos llenaron entonces mis manos,
no importó quién era hijo de quién
y cada cual
hizo Supremo a su semejante.
Y cada cual se hizo Supremo
a sí mismo
Anunciamos su resurreción (y no pudimos prometer nada).

De mí:

Agustí Querejeta: En cuanto a mí, dicen que nací en el noviembre de 1990 en una noche lluviosa de Gijón. Dicen que soy hombre, que vivo en el lugar donde nací. Que me llamo Agustín desde que soy bien pequeño. Dicen de mí que existo y hago algún poema.

Que tengo los ojos muy oscuros y el pelo muy largo.