8/11/07

PIRAMIDE


Puede olerse la quietud
sobre la piel del desierto.

Una fractura en su cintura
descubre el cónico sello
que el áspid venenoso
puntual a la cita de los siglos
dejó abierto el oficio a los saqueadores.

Suave la arena,
parcialmente oculto el dintel,
idealiza la tumba.

Cada noche en un ritual
se me descienden los peldaños y el alma,
en un intento de soñar los jeroglíficos,
vagando entre sarcófagos,
roza la momia de mi cuerpo.

Un guiño del tiempo
alucina la mente y
la fiebre se introduce en el deseo
cuando al son de la cítara, la llama,
bailaba los atardeceres.

Toda la cripta
destila un áloe enmohecido
que verdea los perfiles. Y las ánforas,
en el silencio de los muertos
vigilan los secretos que
entre anillo y anillo
sepultó la despedida.


Del libro “Eterno yacimiento”

1 comentario:

Raúl Ferreiro dijo...

Pilar, en este eterno yacimiento de tu palabra dejo mi huella, y un abrazo